La llegada de la fotografía digital ha puesto patas arriba el mundo de la fotografía. El cambio más importante es la propia técnica, pero también ha trastocado comportamientos y formas de trabajar de fotógrafos profesionales, aficionados y domingueros.
Con el ya arcaico carrete teníamos que revelarlo (comúnmente en laboratorios de revelado comerciales para los menos pros) y obteníamos las copias de las fotografías en papel, al tamaño que se quisiera y unas titritas marrones incomprendidas por muchos y llamadas negativos.
Con la popularizaciónd e la fotografía digital, eso ha cambiado. Ahora el D.E. (dominguero estándar) toma sus fotos desde una pantalla que las compañías se esfuerzan en hacer cada vez más grandes, luminosas, y chupadoras de batería y, a su regraso a casa, las vomitan dentro de un disco duro cada vez más abarrotado. Con un poco de suerte, llegará a mandar "a revelar" (el comillado es con razón) a una tienda de fotografías algunas de las fotos que más le gusten, o quizás las imprimirá desde su impresora fotográfica para que al mes el papel se convierta en un revoltillo azul.
Lo que al DE se le ha escapado cuando ha tomado la foto ha sido que la propia cámara, por el simple hecho de procesarla y convertirla a jpeg, ya la ha revelado, en el sentido más pleno y digital de la palabra. Es decir, la propia cámara ha decidido bajo su propia voluntad y deseo cuál debe ser la corrección de la exposición, el color, la saturación, el equilibrio de blancos, el rango dinámico y hasta el viñeteo. Es decir, lo que obtiene el DE es la copia en papel, no la tirita negra incomprensible y fea, cosa que a él, bajo su entendido gozo, alegría e ignorancia le parece una cosa estupenda, además de importarle el matiz de blanco lo mismo que la caída del mercado de zumo de frutas congelado del Brasil.
Ahora, cuando llegamos a analizar la opinión de los pros, para los cuales la más mínima variación tonal puede arruinar el sentido de su obra, el hecho de que un amasijo ingenieril (con respeto de los ingenieriles) decida por él le parece algo digno de los peores años de la Santísima Inquisición, y, por ende, no lo debe permitir. Nace bajo este contexto el Negativo Digital, fuente de admiración casi obscena de los que vendieron su alma al demonio de los píxels.
El Negativo Digital, o dicho de otra forma, el formato RAW supone que ahora es el fotógrafo, bajo su saber hacer y buen gusto, el que decide cada uno de los parámetros de su obra. Este tema da mucho que hablar (cómo tomar adecuadamente un RAW, cómo procesarlo, el maravillosos mundo de los 16 bits, cómo pelearse con CameraRAW y no acabar en la UCI, etc.) , y se hablará más profusamente de él en entradas futuras. A los que le interesen: Bienvenidos al mundo del revelado digital.
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3 comentarios:
Wow, has enfocado el tema como si fuese un artículo de periódico, muy bien, que no falten nunca la ironía y el sarcasmo, que siempre atraen, sino mira a tú a House.
Respecto al tema, me parece estupendo que vuelvan a tener los profesionales, poder en su especialidad, pero no me parece tan mal la ventaja de igualdad que pareces querer negar a los, llamémosle, novatos...
Mongly no trates a Ramón como un novato, el ya es un blogger experimentado XDDDD
Ojalá mi cámara tuviese para guardar en RAW... se hecha en falta... Aunque quizás haya alguna forma de "activarlo", es cuestión de mirar por internet y hurgar el firmware de la cámara, cuando tenga más tiempo :)
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